CONFLICTOS MINEROS EN LAS ETAPAS DEL CICLO PRODUCTIVO: PROBLEMAS DE COMUNICACIÓN RECURRENTES EN OPERACIONES

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No es ninguna novedad que los conflictos relacionados a las actividades mineras han incrementado en la última década, ocasionando eventos de alto nivel de violencia y generando impactos en las poblaciones locales y la potencialidad de competitividad del país. Mensualmente, tenemos acceso a reportes de conflictividad que nos indican que la mayoría de conflictos son de carácter “socioambiental” y dentro de esta categoría un mayor porcentaje estaría asociado con actividades mineras. El registro de dicha tendencia amerita entonces un análisis a profundidad sobre lo que está sucediendo alrededor de los conflictos mineros.

La mayoría de conflictos que han trascendido a la opinión pública se han comunicado como proyectos en los que la principal preocupación de las comunidades afectadas han sido los impactos ambientales existentes o potenciales. Sin embargo, dicho entendimiento puede hacer perder de vista que existe una gama más amplia en la tipología de conflictos que vienen sucediendo y los temas de fondo recurrentes. Lo cierto es que, si analizamos los casos de conflictividad mineros, podemos identificar que una primera distinción puede estar relacionada a la etapa que atraviesa en el ciclo de vida productivo.

En este artículo, el foco se encuentra en las operaciones mineras. Tomando en consideración que el conflicto de interés es inherente al relacionamiento entre una empresa minera y una comunidad impactada, es posible reconocer que los conflictos en operaciones pueden permanecer latentes a lo largo del relacionamiento. La comunicación constituye un aspecto clave en la construcción de percepciones a lo largo del relacionamiento entre una empresa minera y las comunidades aledañas. Es por ello que, tanto las expresiones como las formas de canalizar los intereses en conflicto se han convertido en asuntos de análisis para el enfoque comunicativo.

A pesar de que las operaciones en mediana y gran minería han mejorado sustantivamente sudesempeño en gestión de sostenibilidad, no se ha logrado superar el descontento de la población local. Dicha problemática se encuentra directamente relacionada con la ausencia de capacidades en los gobiernos locales y también a la presencia de corrupción, lo cual dificulta que los ingresos por canon minero se traduzcan en proyectos de inversión pública que eleven la calidad de vida local. Asimismo, resulta relevante la debilidad organizativa en las comunidades y la ausencia de liderazgos representativos que canalicen los intereses de la población. Suele suceder que, los líderes demandan iniciativas poco sostenibles a la empresa y que exista escaso interés por planificar el desarrollo de la comunidad.

En este descontento, hay algunos elementos clave que pueden considerarse, como se refleja en el siguiente gráfico:

Grafico

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Respecto a la empleabilidad, se puede reconocer que el sector minero ha incrementado notablemente el requerimiento de personal técnico en la última década. Sin embargo, dicha demanda no necesariamente tiene impacto en la economía de las comunidades, pues a causa de los niveles de pobreza que presentan las mismas se suele contratar personal de la ciudad más cercana o de la capital de provincia. Esta situación suele generar descontento en la comunidad, dado que sólo tendría oportunidad de acceder a oportunidades de empleo no calificado, las cuales se van reduciendo conforme avanza el ciclo de vida de la operación.

Al respecto, es importante tomar en cuenta que el empleo indirecto generado por la minería no siempre es aprovechado para mejorar la reputación de las empresas. Dada la magnitud de procesos tercerizados en la industria, son los proveedores y contratistas quienes van a tener un impacto significativo en la generación de empleo y consumo de productos / servicios locales. Sin embargo, dicha dinamización económica, generalmente, no es reconocida por las comunidades y las empresas tampoco realizan suficientes esfuerzos para comunicarla y ponerla en valor.

De hecho, en respuesta al descontento manifestado, las empresas mineras han emprendido iniciativas sociales que empezaron como filantropía / donaciones y han ido migrando hacia proyectos / programas de desarrollo sostenible. Al comienzo, estas iniciativas estuvieron orientadas a disminuir tensiones existentes, o a responder a demandas específicas de los líderes comunitarios. Sea cual fuere la motivación de las iniciativas, éstas han tenido bajo retorno en la reputación de las empresas, frente a la inversión realizada.

Los procesos que estarían haciendo falta entonces es fortalecer el compromiso e involucramiento de la comunidad en todas las iniciativas emprendidas, así como destinar esfuerzos para dar a conocer el beneficio generado entre toda la población. De hecho, la implementación de proyectos sociales a cargo de ONG o empresas especializadas, pocas veces incluye una exigencia por parte de la empresa para garantizar que el contratista manejará indicadores de reputación y prevención de conflictividad.

Por otro lado, se ha posicionado la idea de que la minería representa un alto riesgo ambiental, debido al antecedente de una actividad poco regulada en la historia de la industria. Sobre la base de este referente, el discurso opositor a la minería sostiene que la actividad no genera desarrollo, sino que compite y acapara recursos escasos; perjudica la dotación de agua; deteriora y contamina los recursos existentes; incrementa el costo de vida y la inseguridad; y genera inequidad y desigualdad en la distribución de la riqueza. Ello puede adquirir credibilidad en un contexto de desinformación sobre los nuevos estándares de gestión minera, los que requieren de una estrategia de comunicación sólida por parte de las empresas y el Estado.

Finalmente, existe un aspecto que es transversal a todo lo mencionado y es el relacionamiento cotidiano. En la actualidad, si bien las empresas cuentan en su mayoría con departamentos de comunicaciones y/o relaciones comunitarias se cree todavía que tienen toda la responsabilidad en el desarrollo de buenas relaciones. No obstante, la proyección de la empresa que se construye en la comunidad es una suma de comportamientos de todos los trabajadores que interactúan con ella.

Suele suceder, entonces, que los departamentos de relaciones comunitarias desarrollen estrategias e iniciativas prometedoras, pero que otros departamentos como operaciones, ambiente, seguridad, etc. no estén alineados al estilo de relacionamiento manejado. Asimismo, se viene descuidando los estándares de relacionamiento comunitario que mantienen los proveedores, a pesar de constituir piezas clave en la historia de relacionamiento con la comunidad. Lo cierto es que, de suceder algún incidente con los proveedores / contratistas o un mal relacionamiento, la empresa será impactada definitivamente.

Publicado originalmente en Revista Minería y Energía Edición Nº 28, p.80. Disponible en:

http://en.calameo.com/read/00056487398a07fbcbe65

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