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EL RETO DE LA BIODIVERSIDAD EN LAS CIUDADES

Por: Ximena Giraldo

 


Gecko Phyllodactylus sentosus, especie endémica en Lima
Fuente de la imagen: Comando Ecológico

Es usual que, al escuchar, o leer, sobre biodiversidad, nos traslademos imaginariamente al campo, la selva o algún espacio natural de referencia. Muy pocas veces asociamos a la biodiversidad con las ciudades y si lo hacemos nos quedamos en la variedad de plantas o árboles, y ello ocurre porque nos hemos encargado de hacer de las ciudades algo distinto y lejano a la naturaleza. En el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica (22 de mayo) cabe hace una reflexión sobre los retos que tenemos para incluir la agenda de la biodiversidad en las ciudades contemporáneas.

El proceso de urbanización, desde sus orígenes, ha supuesto el establecimiento de una diferencia social y cultural entre quienes habitaban en las zonas agrícolas y forestales, y quienes se dedicaban al comercio y la provisión de servicios en las ciudades (Boada & Gómez, 2008) A medida que las ciudades fueron creciendo, se alcanzaron avances tecnológicos que permitieron la construcción de medios de comunicación y transporte, que incrementaron la distancia entre los centros de producción (rural), de los centros de consumo (urbano) (Boada & Gómez, 2008). En esta línea, los centros urbanos empezaron a sufrir los efectos ambientales de la distancia que existía entre ellos y la naturaleza, y que se manifiesta en problemas de calidad de aire, de salud y de recreación.

Los espacios públicos y las áreas verdes respondieron a las nuevas necesidades de naturalizar la ciudad. Sin embargo, el modelo paradigmático de ciudad, y los patrones de consumo y estética que paulatinamente se van estableciendo por el proceso de globalización, han provocado que se construya una visión ideal de la biodiversidad en las ciudades. Los ciudadanos esperan encontrar cierto tipo de vegetación, fauna o flora, que puede, o no, ajustarse a las condiciones climáticas y geográficas de su entorno. Este paradigma homogeneizante, supone un reto para la construcción de identidades locales y el reconocimiento de la biodiversidad nativa que se ve amenaza por especies foráneas, pero estéticamente más deseables.

En torno a la temática se han desarrollado diferentes estudios para entender los factores que influyen en la perdida de diversidad biológica y cultural en las ciudades. Un estudio realizado en 1976 en diferentes ciudades de Canadá permitió reconocer como la preferencia de los ciudadanos por los tipos de vegetación y distribución de los entornos naturales, cambiaba a razón del crecimiento de la ciudad o su importancia. Siendo que en las ciudades más pequeñas y de menor actividad, los ciudadanos tenían una mayor preocupación por la naturalización del entorno, mientras que, en otras ciudades como Toronto o Quebec, los espacios naturales eran fundamentalmente ornamentales o recreativos (Roberts, 1976).

En Francia se realizó un estudio que empleó un software tridimensional (Virtual Garden) que permite a las personas diseñar sus propios espacios verdes públicos o privados. Los resultados arrojaron que en promedio los jardines contenían 5 animales diferentes, 8 flores y 5 especies de plantas leñosas. El 30% de los participantes no colocaron ninguna especie animal en sus jardines, el 94% seleccionó especies coloridas y 67% especies no nativas (Shwartz, Cheval, Simon, & Julliard, 2013) Entre las conclusiones de los autores se desataca la necesidad de trabajar en las ciudades en el reconocimiento de la biodiversidad y de especies locales que permitan su conservación y vinculación con la ciudadanía.

Turner et al., compararon varias ciudades de USA, Alemania, Italia y Japón para observar un patrón sistemático referido a que, la mayoría de los residentes se concentran en barrios de biodiversidad empobrecida, lo que implica que miles de millones de personas pierden la oportunidad de beneficiarse de los servicios de la naturaleza (Turner, Nakamura, & Dinetti, 2004) Así mismo, que la pérdida de biodiversidad nativa, no contribuye al sentido de lugar y pertenencia, e identidad de la comunidad.

Un elemento adicional en esa línea es el rol decorativo que se le ha otorgado a la naturaleza en las ciudades teniendo predilección por aquellas especies, de flor o fauna, más coloridas y atractivas bajos los conceptos estéticos contemporáneos. En esta línea, Boada et al. trabajan la definición de “infortunio estético” para referirse a la diferencia que se da en el tratamiento, cuidado y protección de las especies en base a su apariencia y no al rol que cumplen en el ecosistema o su vulnerabilidad (Boada & Gómez, 2008). Los jardines y espacios verdes en Lima son un ejemplo de ello, al tener predominantemente pasto y flores estacionales, que no corresponden al entorno desértico de la ciudad, que consumen mucha agua y generan altos costos de mantenimiento, en lugar de tener especies xerofitas y cactus, u otros más apropiados para el entorno. Lo mismo ocurre con el Gecko, una pequeñ lagartija, cuyo hábitat se ha reducido a las pocas huacas que se han preservado en la ciudad.

En síntesis, la relación entre las personas en las ciudades, la naturaleza y la diversidad biocultural se ve afectada por el proceso de urbanización y la construcción social binaria de los entornos urbanos y rurales. Además, el proceso de globalización y los medios de comunicación, apoyan la construcción de una idea paradigmática de desarrollo, estética y estilos de vida que impulsan el modelo dominante. A fin de comprender más este proceso es necesario un análisis multi-criterio e investigación más exhaustiva que permita abordar específicamente la relación de los patrones culturales y de biodiversidad en las ciudades. Así mismo, que los gobiernos locales pongan esta temática en su agenda de trabajo y así recuperen el patrimonio natural de su localidad, las especies nativas y endémicas, y la apropiación del entorno por parte de la ciudadanía.

Referencias

Boada, M., & Gómez, F. J. (2008). Biodiversidad. Barcelona, España: Rubes Editorial S.L.

Roberts, E. N. R. (1976). Environment, Community and Life Style: Components of Residential Preference for Cities. (Ph.D.). Ann Arbor, United States. Retrieved from http://search.proquest.com.are.uab.cat/docview/302790816/citation/9976D04D78CC46F4PQ/1

Shwartz, A., Cheval, H., Simon, L., & Julliard, R. (2013). Virtual Garden Computer Program for use in Exploring the Elements of Biodiversity People Want in Cities. Conservation Biology, 27(4), 876–886. https://doi.org/10.1111/cobi.12057

Turner, W. R., Nakamura, T., & Dinetti, M. (2004, June). Global urbanization and the separation of humans with nature. Bioscience, 54, 6.

Inundaciones: yendo al origen del cauce

Por: Ximena Giraldo

A raíz de las inundaciones y huaycos que se tienen hoy en el Perú, se ha retomado la discusión sobre la poca inversión que se ha dado en materia de prevención ante fenómenos naturales. En el año 2015, durante el gobierno del presidente Humala se creó un fondo de 370 millones de soles para trabajos de prevención ante un Fenómeno del Niño anunciado para el 2016. Ese año se tuvo un impacto mucho menor de lo esperado y ello generó que opositores y aprovechados políticos critiquen duramente los esfuerzos realizados en materia de prevención. Hoy, observamos cómo incluso estos trabajos de prevención han sido insuficientes para enfrentar los embates de la naturaleza. Pero la discusión debe ir más allá de si se realizaron suficientes obras o no para enfrentar este tipo de fenómenos, y centrarse en si estamos entendiendo el porqué somos tan vulnerables a este tipo de fenómenos.

El primer elemento a recordar es que los humanos somos organismos insignificantes en un planeta más complejo de lo que estamos en capacidad de entender. Ante ello, en lugar de pensar cómo vamos a enfrentar a la naturaleza, deberíamos pensar en cómo nos adaptamos a ella, respetando y colaborando con sus ciclos naturales. Tomando como caso ilustrativo las inundaciones, es pertinente mencionar la relación que existe entre este fenómeno y los cambios en el uso de suelo y la deforestación.

El proceso no es tan complejo de entender: cuando se tiene un espacio ocupado por árboles y vegetación, la naturaleza da servicios de regulación vinculados al control de las inundaciones y el incremento de la resiliencia (Balvanera 2012, p. 137-140). Si llueve, las plantas ayudarán a absorber una buena parte del agua, enriquecer el suelo y los acuíferos, dejando que una parte menor fluya por la superficie. Pero cuando se tienen espacios carentes de vegetación o con plantaciones sin la capacidad de cumplir con ese rol, pues una mayor cantidad de agua se deslizará por la superficie con agresividad y violencia.

Un estudio desarrollado por Aide y Grau en el año 2004, respecto a las inundaciones que se tuvieron en sureste de Haití, República Dominicana y Puerto Rico, muestra como la misma tormenta tuvo resultados diferentes en estos países a razón de sus niveles de forestación. Mientras que la tormenta fue devastadora para Haití, debido a la carencia de árboles en las zonas montañosas, tuvo un impacto menor en los otros dado que República Dominica empezó hace 20 años un plan de recuperación de bosques y Puerto Rico lo inició en los años 60.

América Latina hace muchos años se enfrenta a procesos de deforestación por actividades de pastoreo, agricultura y por la agroindustria que promueve el uso de monocultivos. El último reporte de State of the Rainforest de GRID-Arendal, menciona que, entre las principales causas de deforestación en la Amazonia, la producción de ganado y de soja es responsable de la deforestación de grandes áreas de selva tropical en el sur y este.

Ilustración 2: Deforestation Drivers

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Fuente: State of the Rainforest, 2015

Casos similares al de Haití pueden ser identificados por los efectos del Fenómeno del Niño en el año 2015 donde Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, tuvieron problemas de inundaciones severas en áreas que han sufrido deforestación ante el incremento del monocultivo de soya. El aumento en el caudal de los ríos generó que aproximadamente 160 mil personas tuvieran que ser evacuadas.

En este orden de ideas, es preciso cuestionarse si ante la ocurrencia de este tipo de fenómenos  estamos generando planes de prevención que abordan las verdaderas causas de la problemática. A nivel de gestión pública resulta insuficiente que sean los gobiernos locales quienes trabajen autónomamente en esta temática pues se requiere un análisis más regional y nacional de los retos que supone convivir con la naturaleza.

Si bien es necesario atender lo urgente con medidas de contingencia, no se debe perder de vista lo importante que es entender cómo los humanos nos debemos adaptar a la naturaleza para asegurar la capacidad de resiliencia de nuestra especie. Sin duda hay otros factores que influyen en el análisis y el abordaje de la problemática, pero ello no debería reducir la discusión a soluciones técnico-economisistas para su atención.

Referencias

Aide, T.Mitchell & Grau, H. Ricardo (2004) Globalization, Migration, and Latin American Ecosystems. Science 24 Sep 2004. Vol. 305, Issue 5692, pp. 1915-1916. DOI: 10.1126/science.1103179

Balvanera, P. (2012) Los servicios ecosistémicos que ofrecen los bosques tropicales. Ecosistemas. Revista Científica de Ecología y Medio Ambiente. Ecosistemas 21 (1-2): 136-147. Revisado en: http://www.revistaecosistemas.net/articulo.asp?ld=709

GRID-Arendal and Rainforest Foundation Norway (2014) State of the rainforest 2014. Revisado en: http://www.grida.no/publications/soe-rain-forest/

ACTUEMOS FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO

Por Ximena Giraldo Malca

Vivimos en una época de transformaciones y cambios para nuestro planeta. En diciembre del año pasado, en el marco de la COP21, se firmó un Acuerdo Universal contra el Cambio Climático; no se firmaba un acuerdo de esta magnitud desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

Por ello, el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, que se conmemora cada 28 de enero, es una fecha clave para poner en agenda acciones que debemos realizar para encaminar el objetivo de reducir y mitigar los impactos del cambio climático.

Una de ellas es movernos más. La dependencia al automóvil debe ser uno de los males más profundos de nuestra cultura. A nivel ciudad, tenemos el reto de mejorar el sistema de transporte público para que dejemos el auto privado y reduzcamos significativamente las emisiones. No obstante, tenemos que aprender a trasladarnos en bicicleta cuando la distancia es cercana a los 2 kilómetros y a pie en aquellas rutas de 30 minutos. Recordemos que caminar tiene beneficios para la salud y nos permitirá dejar de generar 0.50 kg de CO2.

También es importante reciclar, para lo cual hay que aprender a separar los residuos orgánicos de los inorgánicos. Con los orgánicos se puede hacer compost para nuestras áreas verdes. Los inorgánicos se convierten en materia útil para nuevos productos y dan trabajo a los recicladores, además de reducir las emisiones. Por ejemplo, un kilo de aluminio nos ahorra 9 Kg de CO2 y un kilo de plástico 1,5 Kg.

Usar mejor el agua es otra medida saludable para el planeta. El observatorio Lima Como Vamos estimó que el consumo de agua en 2014 fue de 164.59 litros por habitante al día. Las Naciones Unidas recomiendan consumir solo 50 litros de agua por habitante al día. Usamos demasiada agua. Cambiar sistemas de riego en áreas públicas, griferías y sanitarios en los hogares y evitar el desperdicio en su uso son acciones prioritarias.

Además, debemos aprender a ahorrar energía. En nuestro país, la energía eólica y solar deben masificarse. La luminaria LED tiene que ingresar a los hogares. En los edificios los sensores de movimiento permitirían ahorrar cientos de kilowatts en pasillos, estacionamientos y sótanos.

Finalmente, incrementemos las áreas verdes: los árboles son nuestros mejores aliados para limpiar el aire por lo que tenemos que mejorar la cobertura vegetal en la ciudad. Al año 2013 se calculó que Lima Metropolitana tenía 3.7 metros cuadrados de área verde pública por habitante, cifra por debajo de lo recomendado por la OMS. En casa podemos tener jardineras o macetas con plantas que ayuden con este propósito y herbáceas para el autoconsumo.

En el mundo se están desarrollando innovaciones que podemos replicar en diferentes escalas. Nuestro país se ha comprometido con reducir el 30% de sus emisiones al año 2030 pero no será posible sin la participación de todos. Tenemos que empezar a actuar hoy.

Publicado originalmente en el Diario el Peruano el 28 de enero de 2016 en representación de la Municipalidad Distrital de Miraflores

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LA RELACIÓN DE LA COP21 Y EL PETRÓLEO EN EL ESTADO ISLÁMICO

Por: Ximena Giraldo

Desde que se dieron los atentados de París los rumores sobre la cancelación de la COP21 fueron creciendo a medida que el miedo y la incertidumbre ascendía entre la comunidad internacional. Sin embargo, en los últimos días, se ha confirmado que los actos culturales y actividades paralelas serán suspendidos pero los espacios de negociación climática, plenarias y reuniones de alto nivel, siguen en pie.

Es muy importante que la comunidad internacional no de marcha atrás en el camino hacia la cumbre de naciones unidas por el cambio climático. Estamos presenciando un momento histórico donde existe la oportunidad de que decenas de naciones establezcan una ruta común sobre cómo vamos a relacionarlos en lo sucesivo con nuestro planeta. El corazón de las negociaciones y el foco central están vinculados al cambio en la matriz energética que actualmente radica en la explotación de combustibles fósiles que se buscan reemplazar por energías renovables.

¿Qué tiene que ver esto con el Estado Islámico y los recientes ataques en París? Pues la relación está en el petróleo. El 14 de octubre de este año un artículo de Financial Times mencionaba que según estimaciones de especialistas la producción de crudo en el territorio estaba cerca de 34,000 a 40,000 barriles de petróleo diarios. El crudo se vende entre $ 20 y $ 45 el barril, lo que permite ganar a los militantes un promedio de $ 1,5 millones al día. En la reunión celebrada por el G20 el día 16 de noviembre el presidente ruso Vladimir Putin, reafirmó la importancia que tiene el petróleo para ISIS al mostrar con fotografías satelitales la cantidad de vehículos que transportan petróleo cada día.

Ahora, sería prematuro pensar que esta es la causa de los ataques registrados en París en los últimos días, pero sin duda es un factor que moviliza los intereses de ISIS. Todas las organizaciones, instituciones, empresas y estados, tienden a proteger y salvaguardar sus recursos económicos por lo que no sería extraño que estemos observando un escenario donde más allá de la convicción religiosa, ideológica o política, lo que se está poniendo en juego es la protección de un mercado que a mediano y largo de plazo se vería afectado por las energías renovables.

El presidente francés ha reafirmado que la COP21 es un momento de esperanza para la humanidad. En este evento se congregarán representantes estatales, privados y de la sociedad civil que buscan alcanzar un futuro común en armonía con la naturaleza. En el caso peruano se estiman cerca de 200 personas acreditadas como parte de la delegación que esperan conocer y concretar acuerdos para el desarrollo de proyectos y programas sostenibles para el país. Si bien es un poco utópico pensar que el mundo dejará los combustibles fósiles de forma inmediata, hoy es posible soñar con formas alternativas de producción y consumo, pues contamos con la tecnología suficiente para ello. Al apostar por las energías limpias no sólo estamos impulsando un nuevo mercado verde, sino que apostamos por la autosuficiencia energética y con ello nos alejamos de los circuitos económicos perversos que han estado históricamente atrás del petróleo.

LA COORDINACIÓN COMO NECESIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN DE CIUDADES SOSTENIBLES

Por: Ximena Giraldo

Muchas ciudades latinoamericanas han crecido de una forma desordenada y caótica en respuesta a una serie de deficiencias en la planificación y control urbano. Al año 2010, según el Banco Interamericano de Desarrollo, el 80% de la población de Latinoamérica y el Caribe vivía en ciudades y de este total el 32% vive en asentamientos informales en condiciones de vulnerabilidad. Ello supone un gran reto para la gestión pública y para todos los actores sociales vinculados al desarrollo urbano.

Desde hace algunos se viene trabajando en el fomento y desarrollo de ciudades sostenibles entendidas como aquellas ciudades que puedan garantizar la satisfacción de las necesidades de la población bajo una gestión que considere integralmente los aspectos sociales, económicos, ambientales, fiscales e institucionales para que las ciudades sean sitios donde a la gente le guste vivir.

Uno de los grandes problemas que tenemos como región es la corrupción y en muchos casos ha sido la causante del crecimiento desordenado de las ciudades (tráfico de terrenos, favoritismo en autorizaciones de construcción, direccionamiento de normas, etc). Ante un escenario de cambio y la oportunidad de repensar como se planifican y desarrollan las ciudades es fundamental entender la importancia de la coordinación entre los diferentes actores que componen nuestras sociedades. Ello supone poner sobre la mesa los temas prioritarios y alcanzar una agenda común donde todos los actores cumplan un rol de manera transparente evitando así los espacios de corrupción o negociación delictiva.

Para que la coordinación sea vista como una oportunidad y no como un problema adicional que genere ineficiencias en la gestión pública, es necesario trabajar en algunos elementos necesarios de cualquier espacio participativo:

  1. Representación.- Es fundamental que todos los actores sociales se sientan representados en los espacios de coordinación y que esta representación sea entendida como legítima.
  2. Participación efectiva.- Los espacios de coordinación no deben ser entendidos por el convocante como espacios informativos pues ello reduce el interés y la capacidad de interacción de los actores. Por el contrario, se debe fomentar que cada actor tenga voz al momento de discutir o dialogar sobre un tema.
  3. Vinculación con la toma de decisiones.- Los actores deben tener certeza que su participación se verá reflejada en el acto de toma de decisiones a través del voto. Así mismo, debe asignarse una responsabilidad o un rol en el proceso de ejecución para que la vinculación con la meta sea más estrecha.
  4. Se debe alcanzar resultados.- Muchos espacios de coordinación no son provechosos debido a que los acuerdos no se materializan en resultados y no son vinculantes con lo que la norma o los protocolos establecen.

Entre las acciones concretas que se pueden realizar para mejorar la coordinación entre áreas y niveles de gobierno, así como actores privados y sociedad civil; se pueden organizar mesas de diálogo, de trabajo, plataformas de coordinación, comisiones especiales, etc.

Un caso peruano que puede ser destacado es la promoción desde el Ministerio del Ambiental de la conformación de Comisiones Ambientales Municipales (CAM) con el propósito de hacer de la gestión ambiental un espacio de participación ciudadana. Las CAM congregan a representantes de las universidades, colegios, empresas, comercios, especialistas, vecinos y otros actores. De estos espacios, que deben tener una periodicidad establecida, deben surgir las propuestas normativas aplicables al distrito donde confluyan todos los intereses y que estén articuladas a las normativas regionales y nacionales vigentes. La herramienta de gestión resultante es el Plan de Acción Ambiental y la Agenda Ambiental anual o bianual para ser implementada por la comuna y cuyo seguimiento y monitoreo también corresponde a la CAM.

Con esta práctica se trabaja de manera más profunda el involucramiento de diversos actores en la gestión ambiental de los gobiernos locales. Es muy probable que una CAM bien consolidada y fortalecida pueda hacer frente a los vaivenes políticos que correspondientes a cambios de gestión. Así mismo, se fortalece la institucionalidad de la participación en la gestión pública y la sostenibilidad de los espacios de concertación.

Como este ejemplo se pueden citar distintas iniciativas como los consejos de seguridad ciudadana, de participación de niños, niñas y adolescentes, de adultos mayores, entre otros. Pero lo fundamental es entender que el eje de la sostenibilidad está basado en las personas y en el cambio de comportamiento que se pueda generar en su quehacer individual y colectivo. En esta línea resulta prioritario y fundamental fomentar el trabajo interserctorial y multiactor para la construcción de ciudades que garanticen las mejores condiciones de vida a sus ciudadanos.

RESPONSABILIDAD AMBIENTAL… PERO A MEDIAS

Por: Ximena Giraldo

Entre las miles de empresas que están trabajando en ser socialmente responsables hay varias que vienen desarrollando acciones en materia ambiental. La preocupación por el medio ambiente no solo es algo que está de moda sino que realmente beneficia a las empresas en su relacionamiento con sus actores de interés. Además, este año, en el marco de la COP20, es uno de los temas más explotados en las áreas de comunicación corporativa o marketing. Pero no hay que dejarnos llevar por la corriente haciendo cosas que solo quedan en las noticias o en una buena propaganda, sino pensar realmente en programas, proyectos e innovaciones que sean sostenibles. Para ejemplificar este panorama vamos a coger dos ejemplos: el uso y distribución de las bolsas y las botellas plásticas.

En nuestro país las bolsas plásticas se regalan. Antes se acostumbraba a tener una bolsa de tela para el pan y una especial para el mercado, pero se ha olvidado esta sana costumbre y mientras más bolsas se reciben mejor calificación damos al servicio. Actualmente algunos comercios vienen planteando la opción de contar con bolsas biodegradables con la finalidad de incentivar un “consumo más responsable” pero ello no está atacando el problema de fondo que es el excesivo uso de este material. Adicionalmente, cabe mencionar que lo que no se dice en la publicidad es que la biodegradabilidad de estas bolsas depende de ciertas condiciones ambientales para que realmente ese proceso se dé y actualmente nadie puede garantizar que el depósito final de estos materiales sea un espacio que propicie la biodegradación.

Entre tanto las botellas plásticas, que provienen directamente del petróleo, representan una gran proporción de los residuos que generamos en el día a día. Las empresas embotelladoras están aplicando innovaciones para hacerlas más flexibles y compactas o incorporando un porcentaje de materiales alternativos como en el caso de la Plantbottle de Coca Cola. Sin embargo, es evidente que en ambos casos tenemos aún un problema pendiente: la disposición final de estos residuos, pues a pesar de las diferentes bondades que se le están dando a los materiales, estos siguen invadiendo espacio en los rellenos sanitarios, botaderos, riberas de los ríos o en el mar.

Cabe preguntarse entonces si las empresas están siendo realmente responsables o si sólo se están preocupando por una parte de la cadena. Aquí debe aplicarse el concepto de la responsabilidad extendida del productor que busca que quien genera el producto se preocupe de que el residuo sea adecuadamente dispuesto. Este concepto se viene implementando positivamente en nuestro país en la gestión de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) pero debería contemplarse igualmente en distintas industrias. Para el caso de las bolsas podría pensarse en empezar a cobrar por su uso, como se hace en otras partes del mundo, o emplear bolsas compostables. Entre tanto las embotelladoras deberían establecer mecanismos de recolección y reciclaje de las botellas o establecer alianzas con empresas o recicladores que se encarguen de esta labor.

Actualmente bajo el paraguas de la “Economía Verde” muchas empresas están pensando en qué ingrediente ponen para que ser más “eco” y no están repensando integralmente en su industria para hacerla compatible con el ambiente. Es recomendable revisar la filosofía de la “Economía Azul”, propuesta por Gunter Pauli, que se basa en aprender de los sistemas industriales que la naturaleza emplea para extrapolarlos a los modelos que tenemos actualmente.

Queda la tarea pendiente para las empresas de revisar las acciones que viene desarrollando y evaluar si se están contemplando todo ciclo de vida de sus productos y servicios o si solo estamos viendo la parte más vistosa de la responsabilidad ambiental. Lo positivo es que ya existen soluciones ambientales para casi todas las industrias y que estamos en la posibilidad de generar verdaderos cambios en nuestro entorno.

Publicado originalmente en Revista Stakeholders, (59), pp. 26.

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