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Empresas estatales comparten experiencias en responsabilidad social con estudiantes universitarios

Por: Sandra Carrillo Hoyos

El debate sobre la responsabilidad social y sus alcances ha estado focalizado en el sector extractivo privado, por ser económicamente crucial para el país y haber amplificado su intervención en esta materia durante las últimas dos décadas. Sin embargo, existen diversos sectores comprometidos con mejorar su desempeño ambiental, social y económico, aunque pasen desapercibidos en la opinión pública. Tal es el caso de las empresas estatales de derecho público o privado, que han atravesado un proceso de cambio en su gestión, para mejorar sus políticas, procedimientos y prácticas de responsabilidad social.

Con el fin de dar a conocer los avances y desafíos de este sector, el 10 de abril se llevó a cabo el conversatorio Experiencias de Responsabilidad Social en Empresas Públicas en la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en el marco del curso de Responsabilidad Social, Concertación y Manejo de conflictos. Este curso está dirigido a estudiantes de último año de la especialidad de Comunicación para el Desarrollo y busca, a través de estos espacios, acercar la experiencia empresarial a la academia y fortalecer la capacidad crítica de los estudiantes para identificar oportunidades de mejora en la gestión de la sostenibilidad. Este conversatorio buscó dar a conocer los avances y desafíos de la responsabilidad social en empresas estatales, así como indagar el rol de la comunicación estratégica.

El Banco de la Nación y Petroperú fueron las empresas invitadas a compartir su experiencia, a través de sus representantes Zorka Cavero, Jefa de Responsabilidad Social, y Cecilia Quiroz,  Jefe Relaciones Comunitarias, respectivamente. Asimismo, se conformó un panel de discusión con la participación de Christian Arzápalo, Ejecutivo Corporativo de Responsabilidad Social del Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado – FONAFE, y Carmen Acosta, Especialista en Comunicación y Sostenibilidad.

Del intercambio con las empresas expositoras, se pudo reconocer que la gestión de responsabilidad social ha evolucionado considerablemente, a través del relacionamiento con grupos de interés, gestión de impactos sociales, ambientales y económicos, así como en su aporte potencial a la Agenda 2030. Ambas empresas han pasado por un proceso de priorización de aquellos temas críticos para mejorar el desempeño de sostenibilidad y reducir las externalidades en el entorno, a través de acciones como la medición de la huella de carbono, el uso eficiente de energía, estrategias para el manejo de crisis, entre otros, que ya forman parte de la estrategia corporativa.

Más allá de los casos presentados, el panel de discusión abordó los grandes desafíos para fortalecer la ciudadanía corporativa y para posicionar la responsabilidad social como pieza estratégica para el desempeño integral de las empresas. La comunicación estratégica tiene un rol fundamental en este proceso pero hace falta que la Alta Dirección de las empresas tome conciencia de ello y le otorguen el valor que se merece. Sin duda, se trata de un desafío para el cual nuestros futuros egresados requieren estar preparados.

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RESPONSABILIDAD AMBIENTAL… PERO A MEDIAS

Por: Ximena Giraldo

Entre las miles de empresas que están trabajando en ser socialmente responsables hay varias que vienen desarrollando acciones en materia ambiental. La preocupación por el medio ambiente no solo es algo que está de moda sino que realmente beneficia a las empresas en su relacionamiento con sus actores de interés. Además, este año, en el marco de la COP20, es uno de los temas más explotados en las áreas de comunicación corporativa o marketing. Pero no hay que dejarnos llevar por la corriente haciendo cosas que solo quedan en las noticias o en una buena propaganda, sino pensar realmente en programas, proyectos e innovaciones que sean sostenibles. Para ejemplificar este panorama vamos a coger dos ejemplos: el uso y distribución de las bolsas y las botellas plásticas.

En nuestro país las bolsas plásticas se regalan. Antes se acostumbraba a tener una bolsa de tela para el pan y una especial para el mercado, pero se ha olvidado esta sana costumbre y mientras más bolsas se reciben mejor calificación damos al servicio. Actualmente algunos comercios vienen planteando la opción de contar con bolsas biodegradables con la finalidad de incentivar un “consumo más responsable” pero ello no está atacando el problema de fondo que es el excesivo uso de este material. Adicionalmente, cabe mencionar que lo que no se dice en la publicidad es que la biodegradabilidad de estas bolsas depende de ciertas condiciones ambientales para que realmente ese proceso se dé y actualmente nadie puede garantizar que el depósito final de estos materiales sea un espacio que propicie la biodegradación.

Entre tanto las botellas plásticas, que provienen directamente del petróleo, representan una gran proporción de los residuos que generamos en el día a día. Las empresas embotelladoras están aplicando innovaciones para hacerlas más flexibles y compactas o incorporando un porcentaje de materiales alternativos como en el caso de la Plantbottle de Coca Cola. Sin embargo, es evidente que en ambos casos tenemos aún un problema pendiente: la disposición final de estos residuos, pues a pesar de las diferentes bondades que se le están dando a los materiales, estos siguen invadiendo espacio en los rellenos sanitarios, botaderos, riberas de los ríos o en el mar.

Cabe preguntarse entonces si las empresas están siendo realmente responsables o si sólo se están preocupando por una parte de la cadena. Aquí debe aplicarse el concepto de la responsabilidad extendida del productor que busca que quien genera el producto se preocupe de que el residuo sea adecuadamente dispuesto. Este concepto se viene implementando positivamente en nuestro país en la gestión de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) pero debería contemplarse igualmente en distintas industrias. Para el caso de las bolsas podría pensarse en empezar a cobrar por su uso, como se hace en otras partes del mundo, o emplear bolsas compostables. Entre tanto las embotelladoras deberían establecer mecanismos de recolección y reciclaje de las botellas o establecer alianzas con empresas o recicladores que se encarguen de esta labor.

Actualmente bajo el paraguas de la “Economía Verde” muchas empresas están pensando en qué ingrediente ponen para que ser más “eco” y no están repensando integralmente en su industria para hacerla compatible con el ambiente. Es recomendable revisar la filosofía de la “Economía Azul”, propuesta por Gunter Pauli, que se basa en aprender de los sistemas industriales que la naturaleza emplea para extrapolarlos a los modelos que tenemos actualmente.

Queda la tarea pendiente para las empresas de revisar las acciones que viene desarrollando y evaluar si se están contemplando todo ciclo de vida de sus productos y servicios o si solo estamos viendo la parte más vistosa de la responsabilidad ambiental. Lo positivo es que ya existen soluciones ambientales para casi todas las industrias y que estamos en la posibilidad de generar verdaderos cambios en nuestro entorno.

Publicado originalmente en Revista Stakeholders, (59), pp. 26.

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